Querida señorita, acepto alegremente sus normas.
¡Pero usted no parece desear ninguna norma!
Es cierto. Pero aceptaré cualquier norma que usted considere necesaria para su libertad. Yo soy libre, al margen de las normas que me rodean. Si las encuentro soportables, las soporto; si me parecen detestables, las quebranto. Soy libre porque sé que soy moralmente responsable de todo lo que hago.

Robert A. Heinlein, La luna es una cruel amante